jueves, 4 de julio de 2013

1ra parte: Un bicho en el teclado (Por Teresita Suriani)

Entre el F5 y el F6 del teclado se metió un bicho enorme. Tiene patas cortas y el torso ancho. La parte viscosa y fea es grande y negra. Está dado vuelta con las patas para arriba que se mueven desesperadas. Miro el teclado con asco. Me acordé de la metamorfosis de Kafka pero este bicho está en mi teclado. Claro, en el libro cualquiera se lo banca. Cuestión que tengo que terminar este informe antes de las 12  y este bicho me causa una repulsión tan grande que voy  a tener que ver cómo lo rescato de ahí para seguir. Él también quiere salir, está que no da más.


Sigue pataleando y me mira como diciendo 'sacame de acá vaga'. No, mentira, no me mira, creo que nunca me miró un bicho, ¿los bichos tienen ojos? Si sé que tienen ojos pero creo que nunca miran.
Agarro una birome y trato, pero claro, no entra. Mmm, pruebo con una de esas cucharitas-palito del café. No son cucharitas, son palitos, pero sirven para revolver. ¡Si, entra! Pero el bicho muere ensartado por el palito, me emocioné demasiado cuando pude meterlo entre F5 y F6 y no tuve cuidado. ¡Pobre bicho! Bue, tuvo una muerte digna. Creo... Yo que sé...
 No es que de repente decidí escribir lo que me pasó esta mañana con un bicho. Es que  todo lo que pasó después fue tan increíblemente complicado que preferí contar el problemita este del bicho antes de ponerme a pensar en todo lo que pasó después. Ay, ahora sí que no sé qué decir. Ojalá otro bicho se hubiera metido en mi teclado, quizás entre la tecla de 'enter' y la de 'borrar' o en la sección de  los números, que no la uso tanto. Pero no, ya no puedo dar vueltas y  seguir evadiendo el tema. Ningún bicho me va a salvar ahora. Lo que pasó después es que mi cuerpo quedó dado vuelta como el del bicho este, mis patas agitándose desesperadas en el aire. No literalmente, pero así me sentí, así estoy, colgando de la nada. 
Cuando la muerte del bicho terminó de ser un tema en mi mente, tuve que soplar bastante para que el cadáver salga despedido de mi escritorio hacia otras tierras, pude seguir con mi informe. Dos horas después lo estaba terminando cuando sonó mi interno. El jefe quería hablar conmigo. Extrañada miré a mi alrededor porque apenas corté tuve esa sensación de mil ojos clavados sobre mi persona. ¿Qué les pasa? No soy un bicho en un teclado. Seguían mirándome, me paré y caminé lo más normal que pude hasta el ascensor, mientras me preguntaba qué demonios podía querer el jefe conmigo. Yo no destacaba en nada pero tampoco hacía mal mi trabajo, digamos que era un engranaje más de la máquina corporativa, fichaba, trabajaba mis 8 horas en la computadora y volvía a fichar. Así día tras día, nunca pedí un aumento de sueldo ni me quejé. Pero cuando el jefe llama a alguien significa algo, yo ni siquiera conozco al jefe. Nadie en mi piso lo conoce ahora que pienso....